Hoy en día, en mi ciudad, Barcelona, como en tantas otras, todo va deprisa: andamos rápido, nos sentimos estresados, sin tiempo para nada, y lo que es peor, estamos más conectados con las pantallas que con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.

En estas condiciones, no es de extrañar que nos cueste encontrar un espacio de tranquilidad en el que poder escucharnos a nosotros mismos de manera íntima, plena y consciente.

Estar en conexión con nuestro cuerpo y con nuestras emociones es básico para poder entender qué nos está pasando y qué nos conviene en cada momento de nuestra vida.

¿Cuánto tiempo hace que no escuchas a tu cuerpo, que no te centras en tu respiración, que no te relacionas con tu parte más intuitiva y creativa?

Por suerte, gran parte de la sociedad se está empezando a rebelar contra esta desconexión, una desconexión que va íntimamente ligada con el culto a lo material y a lo racional.

A la mayoría nos han educado para creer que vivir desde la lógica y la racionalidad es lo mejor, lo que “funciona” .

Sin embargo, con el paso de los años, nos damos cuenta de que lo espiritual, lo creativo y lo intuitivo es mucho más importante para nuestro bienestar emocional que nuestra parte racional, dado que nos permite saber quiénes somos y qué es lo que deseamos realmente en cada momento.

Como decía Albert Einstein: “la mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde culto al sirviente y olvida el regalo”.

En efecto, más allá de toda lógica y racionalidad, existe una sabiduría inherente al ser humano. Una inteligencia pura y auténtica a la que podemos acceder si queremos. Esa fuente de sabiduría e inteligencia es nuestra intuición.

Cuando intuimos, recibimos de no sabemos muy bien donde, una información valiosa acerca de lo que nos conviene o no hacer en un determinado momento: fiarnos o no de alguien, alquilar ese piso, improvisar un viaje, denegar una oferta de trabajo o apostar por cierta opción contra todo pronóstico racional.

La Ciencia ya ha demostrado que la intuición es un tipo de inteligencia que no debemos ignorar, y que, además, la intuición se puede entrenar.

Cuanto más acostumbrados estemos a escucharnos y a permitir que la vida nos guíe a través de sus señales (lo que Jung denominaba “sincronicidad”), más fácil nos resultará conectar con nuestras necesidades y deseos y vivir en armonía con quienes somos realmente.

Hay muchas formas para conectarnos con nosotros mismos: la introspección, la meditación, pintar, escuchar música, nadar, pasear, el contacto con el momento presente (mindfulness), son algunas de ellas.

Otra vía, que utilizo en mis sesiones de coaching, son los ejercicios con cartas asociativas. Estas cartas se utilizan en psicología proyectiva. Combinan dibujos y conceptos y su objetivo es conectarnos con nuestro hemisferio derecho, que es más creativo e intuitivo.

Estas sesiones suelen gustar mucho porque permiten abordar temas de forma distinta y nos conectan con nuestra parte más auténtica y genuina.

Si sientes que una sesión de coaching creativo te puede ayudar, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

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